PAGO DE CARRAOVEJAS

PAGO DE CARRAOVEJAS
La historia de Pago de Carraovejas: José María Ruiz, fundador de Pago de Carraovejas, es llamado para representar a España en el Primer Concurso Mundial de Sumilleres, celebrado en Milán. La cultura vitivinícola en España no gozaba en aquellos años del prestigio y el reconocimiento popular y profesional del que se disfruta hoy en día pero José María Ruiz, junto con el otro representante español “Pedraza”, consiguen un meritorio 5º puesto entre más de 60 países.

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El viñedo se halla a una altitud media de 850 m, sobre una ladera perpendicular al río Duero que atraviesa la localidad de Este a Oeste. El terreno de los viñedos de Pago de Carraovejas es suavemente ondulado, llano en el centro del valle; escarpado y abrupto conforme ascendemos. En los viñedos de Pago de Carraovejas se cultivan tres variedades de vid: Tinto Fino (Tempranillo), Cabernet Sauvignon y Merlot con diferentes sistemas de cultivo: Doble Cordon Royat y eje vertical, con dos tipos de viticultura adaptadas a la orografía de la finca que se puede definir como viticultura tradicional en el valle y viticultura de montaña, en unos casos con pendientes superiores al 20% y en otros con un sistema de terrazas en las laderas con excesiva pendiente. De cara al futuro se siguen ampliando las plantaciones en las zonas que permite la orografía, buscando mejorar y adaptar el cultivo año tras año, por medio de una selección clonal de nuestros mejores “canteros” consiguiendo así una excelente materia prima para conformar los vinos que elaboramos. Para ello, y basándonos en el concepto de la viticultura de precisión, se continúa en una permanente reestructuración y modernización de la finca. Se homogeneizan variedades en parcelas que consideran necesario, se cambian los patrones originarios por otros más aptos para el tipo de suelo, se reorientan las parcelas buscando mayor insolación, se usan sistemas de conducción en el viñedo con nuevas estructuras…, pero siempre con el objetivo final de mejorar la calidad y conseguir el equilibrio en el conjunto de las cosechas. Todos estos factores, sumados a los trabajos que a la sombra de los viñedos realiza toda la plantilla y tras una sigilosa y minuciosa elaboración de los vinos, definen el sello “Pago de Carraovejas”.